El ISM, cuarenta años después

Mery Varona, periodista del ISM

Mery Varona

A finales de 1978 la pesca era mayoritariamente extractiva, la acuicultura, un término abstracto y el marisqueo se asimilaba al furtivismo. Por entonces, la afiliación del Régimen Especial del Mar (REM) era eminentemente masculina. Justificaba este sesgo viril la dureza y peligrosidad del trabajo y los largos períodos de alejamiento familiar inherentes al sector marítimo-pesquero.

Nadie parecía tener en cuenta que ese mismo sector no podía entenderse sin la aportación de las mujeres. No solo por el sostenimiento familiar durante las prolongadas ausencias del trabajador masculino sino por la aportación real y productiva en las labores complementarias de la pesca, en la elaboración o reparación de redes, en el marisqueo ocasional para contribuir a la economía familiar, incluso en la gestión documental ante el armador. Ocurría que esa aportación formaba parte del sobreentendido “sus labores” atribuible a las mujeres familiares de los trabajadores del sector marítimo-pesquero y quedaba oculta estadísticamente.

Cuatro décadas después, España es el primer país acuícola de la Unión Europea, con una producción que en 2015 alcanzó las 289.821 toneladas (de las que 225.307 corresponden a moluscos), que proporcionan empleo a 18.076 personas. El marisqueo -producción de bivalvos de extracción a pie de playa- se conoce hoy como acuicultura social y solo en Galicia proporciona empleo a más de 4.000 mujeres. La incorporación de las mujeres al mercado de trabajo ha sido una constante en todos los sectores y el marítimo-pesquero no ha sido una excepción.

En agosto de 2018, el Instituto Social de la Marina, organismo gestor del REM, registraba un total de 67.631 afiliados, de los cuales 53.673 eran trabajadores por cuenta ajena y 13.958, por cuenta propia. En el primer apartado el porcentaje es del 88,19% de hombres (47.332) frente al 11,81% (6.341) mujeres. En el segundo apartado la relación se equilibra algo más: 69,14% (9.651) de hombres y el 30,86% (4.307) de mujeres. El sector sigue siendo masculino, en el cómputo total el 84,26% (56.983) de los afiliados son hombres, frente al 15,74% (10.648) de mujeres.

Un argumento de consolación es que un número elevado de empleos relacionados con la pesca tradicionalmente desempeñados por mujeres tienen que ver con la industria de transformación, cuyo reflejo estadístico no se recoge en el REM. Se estima que el empleo femenino real supera el 30% del empleo en el sector pesquero y de la acuicultura.

Se mire como se mire, la incorporación de las mujeres al ámbito laboral no ha sido fácil en ningún sector de producción, menos aún en uno considerado la quintaesencia de la virilidad. Aquí también los avances logrados lo han sido como consecuencia de la presión y las reivindicaciones de las mujeres.

Un avance decisivo ha sido el reconocimiento del marisqueo a pie como parte de la pesca artesanal en la Política Pesquera Comunitaria (PPC), consecuencia de la lucha organizada por las mujeres mariscadoras para hacer visible su papel en este área. En 2016 se constituyó la Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca, que reune a mariscadoras, rederas y en menor número, armadoras. Un paso más en la profesionalización de las mujeres del sector, que expresan la necesidad de prevenir y reconocer las enfermedades profesionales o abordan cuestiones tributarias.

En el curso 1979-80 se incorporaban las primeras alumnas a la Escuela de Náutica de Barcelona. La titulación en los distintos empleos de la marina mercante ha permitido acceder a un número todavía no significativo de mujeres a un sector que parecía vedado a su presencia. Su contratación se ciñe principalmente a los buques de recreo y en empleos vinculados a los servicios, muy raramente como oficiales.

No hay que lanzar las campanas al vuelo sobre el aumento en la afiliación femenina. En muchos casos se trata de la afloración de un empleo que existía de forma opaca, es decir, mujeres que legalizan una situación de hecho: mariscadoras, rederas, bateeiras, neskatillas. Se trata además de un segmento de afiliación envejecida, más del 50 ciento tiene más de 50 años. La renovación generacional es insuficiente porque el sector ofrece pocos alicientes económicos y por la dificultad de promocionar profesionalmente. Dondequiera que se mire: marina mercante, cofradías de pescadores, empresas de transformación, los puestos directivos siguen siendo masculinos.

Un dato alentador para contrarrestar tal derroche de testosterona, en el siglo XX dos mujeres han dirigido el Instituto Social de la Marina: María Antonia Lucena Varea (2000-2004) con un gobierno conservador, y Pilar López-Rioboo (2006-2010), con un gobierno socialista.

Mery Varona, periodista del ISM