Las Mutuas, agentes clave del Estado de Bienestar

José Carlos Lacasa Echeverría, presidente de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT)

José Carlos Lacasa Echeverría, presidente de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT)

Entre los distintos agentes que componen nuestro sistema de protección social, la figura de las Mutuas es sin duda un referente, por su larga trayectoria (nacidas en 1900, a partir de la llamada “Ley Dato”, de 30 de enero), por la población trabajadora a la que asegura (un 96% en contingencias profesionales y un 79% en contingencias comunes, según datos de 2017) y por su compromiso con una atención sanitaria de calidad.

Los empresarios impulsores de las Mutuas, en esos primeros años del siglo XX, fueron sin duda los pioneros de la protección social en España. Ellos pusieron las bases de lo que, entrados los años sesenta, sería el Sistema de Seguridad Social, nacida en virtud de la Ley de Bases (aprobada por el Decreto 907/1966, de 21 de abril).

Según se describe en la Ley 35/2014, de 26 de diciembre, “las Mutuas forman parte del sector público estatal de carácter administrativo, de conformidad con la naturaleza pública de sus funciones y de los recursos económicos que gestionan, sin perjuicio de la naturaleza privada de la entidad”. Esto es, son asociaciones privadas de empresarios constituidas con el principal objeto de colaborar en la gestión con la Seguridad Social. Y en ello centran su actividad, basándose en el principio de solidaridad, ya que carecen de ánimo de lucro y actúan mancomunadamente.

El empresario puede optar libremente entre formalizar la cobertura de los accidentes de trabajo con las Entidades Gestoras de la Seguridad Social o asociarse a una Mutua. Esta protección al trabajador se ha entendido desde sus inicios como la realización de todas las actividades dirigidas a prevenir los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales, a curar a los afectados por un accidente o una enfermedad profesional, a pagarles una prestación económica durante el periodo en que no pueden trabajar y a rehabilitarles para su vuelta al trabajo. De hecho, por la propia naturaleza de sus funciones, las Mutuas han sido pioneras de la hoy denominada Responsabilidad Social Corporativa.

Para la realización de estas actividades los empresarios asociados han venido exigiendo históricamente a las Mutuas, como objetivo fundamental, la mejora continua en su gestión, especialmente en lo que se refiere a eficiencia y calidad de servicio, lo que sin duda ha tenido como resultado un eficaz nivel de protección. Los datos de afiliación referidos al inicio de este artículo son sin duda la mejor prueba de la alta eficiencia de los servicios que prestan las Mutuas, así como de su calidad.

Si bien inicialmente las Mutuas centraban su actividad exclusivamente en la protección del accidente de trabajo y la enfermedad profesional, durante las últimas décadas los ámbitos de colaboración han ido ampliándose, tanto en el tipo de cobertura como en los colectivos protegidos. Así, actualmente las Mutuas gestionan la prestación económica por contingencias comunes y realizan, entre otras actuaciones, el seguimiento eficiente y personalizado de los procesos de baja para la óptima recuperación del enfermo. En este ámbito, en 2017, las Mutuas gestionaron 3,5 millones de procesos de contingencias comunes.

También gestionan, en el desempeño de su labor social, la prestación económica de las mujeres embarazadas para las que no ha sido posible adaptar sus puestos de trabajo o reubicarlas sin riesgo para su embarazo o lactancia natural (con 80.538 mujeres trabajadoras beneficiarias de esta prestación en 2017), la prestación económica para madres y padres que tienen que cuidar de hijos afectados por enfermedad grave (con 2.561 padres trabajadores que disfrutaron de dicha prestación en 2017), y la prestación económica por Cese de Actividad de Trabajadores Autónomos.

Las Mutuas han asumido, además, la responsabilidad de ayudar activamente en la sostenibilidad del sistema de pensiones, lo que vienen haciendo desde 1997 mediante las aportaciones correspondientes al Fondo de Reserva de la Seguridad Social (con 1.488 millones de euros aportados en total desde dicha fecha), en paralelo a las aportaciones que también vienen haciendo al Fondo de Contingencias Profesionales de la Seguridad Social (con 10.417 millones de euros acumulados hasta 2017).

Por otro lado, la gestión eficiente que realizan estas Entidades tiene como consecuencia un ahorro económico que en el pasado ejercicio ascendió a 8.328 millones de euros, en virtud de la gestión de contingencias profesionales (con 3.284,4 millones de euros ahorrados) y de contingencias comunes (5.043,8 millones de euros), y que se consiguen tanto por la reducción de los tiempos de espera para pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas, como por la eficacia de las actividades preventivas y las tarifas sanitarias acordadas en el Sector Mutuas, entre otros factores.

Al margen de todo lo referido anteriormente, y a modo de resumen, las Mutuas y sus más de 21.000 profesionales se enorgullecen de haber realizado, en un año, más de 21 millones de actos médicos y de haber atendido 4.926.731 procesos de incapacidad, actuaciones detrás de las cuales hay siempre una historia personal, un trabajador o trabajadora que se ha visto en la necesidad de una atención y unos cuidados que, con el esfuerzo de todos, dan sentido y razón de ser a un agente clave del Estado de Bienestar.

José Carlos Lacasa Echeverría, presidente de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT)