El SEPE y la seducción de las palabras

Gerardo Gutiérrez Ardoy, director general del SEPE

Gerardo Gutiérrez, director general del SEPE

Decía Álex Grijelmo en su libro “La seducción de las palabras”, que “su  espacio verdadero, el de las palabras, el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales, etéreos y livianos del ser humano.

Son las palabras los embriones de las ideas, el germen del pensamiento, la estructura de las razones, pero su contenido excede la definición oficial y simple de los diccionarios.”

Aprovechando la efemérides de los 40 años de las Entidades Gestoras, recuerdo algunas palabras que he tenido la oportunidad de pronunciar y compartir en el entorno de las competencias desempeñadas en el Servicio Público de Empleo Estatal y también en su homónimo, Servicio Público de Empleo de Castilla-La Mancha.

Es fundamental usar esos embriones de las ideas en el ámbito de este Servicio Público, con rigurosidad y buscando siempre que lo que trascienda sea algo constructivo para la ciudadanía a la que va dirigido.

Así por ejemplo el concepto de “flexiseguridad”.

En el año 2002 el danés Kongshoj Madsen, profesor de la Universidad de Aalborg, abanderó intelectualmente el concepto, presentando el paradigma como un “triángulo de oro” formado por tres principios: una mayor movilidad laboral y un régimen liberal para la protección del empleo; un amplio sistema de protección social con beneficios para desempleados; y una política activa del mercado de trabajo, en la que se combinen empleo con ofertas de formación. Se traducía en que los empresarios tuvieran la máxima flexibilidad para ajustar sus plantillas a través de despidos, suspensiones  de contratos o reducciones de horarios, a cambio de que los trabajadores tuvieran un alto grado de protección por desempleo y una oferta formativa de calidad a lo largo de toda su vida laboral.

Esta palabra y la seducción que produjo en nuestro país, hizo que se proclamara en todas las exposiciones de motivos de todos los textos legales de hace unos años, y trajo consigo solo una de las dos partes de la idea. Trajo flexibilidad, sin la seguridad requerida.

De un tiempo a esta parte, el término de persona “emprendedora” se está usando de forma muy poco rigurosa, y como nos dice Grijelmo, las palabras son el embrión de las ideas y si las usamos de inicio de forma poco acertada, la idea se diluirá.

¿Qué entendemos por persona emprendedora? La palabra  emprendedor fue definida por primera vez en el Diccionario de autoridades  de 1.732 como: “La persona que emprende y se determina a hacer y ejecutar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua”.

Posteriormente, se incorpora a este concepto otro elemento, el enfrentamiento a la incertidumbre.

Ser emprendedor, es la persona que acepta el riesgo calculado y que incorpora la innovación tanto al producto que produce o comercializa, como a la propia organización, en un entorno local y al tiempo globalizado.

Por lo que no cualquier empresario es emprendedor. Será empresario y a mucha honra, pero no emprendedor si no incorpora riesgo calculado e innovación en el fondo y en las formas, y con la mente abierta al mundo.

En otras ocasiones, en este entorno, he escuchado otras dos palabras, que fácilmente seducen, pero que cuando llegaba su reflejo en la Ley de Presupuestos Generales del Estado, nos encontramos con la decepción de que no lo tuvo. Es el “servicio público”, el que tenemos que ofrecer los servidores públicos con las herramientas que nos vienen fundamentalmente vía presupuesto. Lo que no está presupuestado no existe, aunque haya una serie de normas que digan que el servicio público tiene que existir. En los años de mucha flexibilidad y poca seguridad, en los años en los que se buscaba el emprendimiento en todas las facetas de la vida, era además difícil encontrar reflejo presupuestario al mantenimiento de los servicios públicos.

Llevo 26 años como servidor público en temas relacionados con el Servicio Público de Empleo. Ahora he tenido la suerte de poder estar compartiendo la dirección del SEPE, heredero de una de las Entidades Gestoras que este año cumplen 40 años, los mismos que la Constitución.

Quiero identificarme con lo mejor de estas palabras, gérmenes de buenas ideas: Seguridad Social, Derechos Fundamentales, Acompañamiento Personalizado, compañeras y compañeros que dan lo mejor como servidores públicos, entrañables y en torno a la ética, que no es otra cosa que “la capacidad de vivir por y para sí mismo y los otros en medio de instituciones justas”.

Por todo ello, y recogiendo la voluntad de reconocimiento y a la vez de gratitud, debemos concluir nuevamente con un claro agradecimiento: gracias INEM, gracias SEPE, gracias a sus Recursos Humanos.

Gerardo Gutiérrez Ardoy, director general del SEPE