Teóricamente iguales

Rebeca Díaz. Javier Martín

Los últimos 40 años de la historia de España han sido los mejores años para las mujeres españolas. Y aun así, cobran 400 euros al mes menos que los hombres, siguen siendo quienes cuidan a hijos/as y familiares y apenas se sientan en los sillones de los Consejos de Administración del IBEX 35. Por no hablar de que han muerto asesinadas en los últimos 15 años más mujeres a manos de sus parejas o exparejas que víctimas suma en su macabra cuenta la banda terrorista ETA en los 52 años de su historia.

El camino a recorrer era muy largo. La dictadura había desterrado los pocos avances que la República había conseguido consolidar y la Constitución de 1978 abrió un espacio de convivencia donde ponernos a trabajar. En la Carta Magna se reconoce que todos -y se sobreentiende todas- somos iguales ante la ley. Y eso ya era mucho en ese momento, en el que, por ejemplo, se vio como normal perpetuar la discriminación por sexo en la sucesión de la Corona. Eran otros tiempos aunque, es bueno no olvidarlo, eso sigue vigente. Otras cosas, no.

En la década de los 70, las mujeres necesitaban permiso de su marido para poder trabajar, cobrar su salario, ejercer en el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, obtener su pasaporte o sacarse el carné de conducir. La mujer soltera se equiparaba a un menor y no podía abandonar la casa sin el consentimiento paterno. Y, aun más traumático,  la mujer funcionaria era obligada a dejar de trabajar al contraer matrimonio  si su marido trabajaba.  El avance a nivel de derechos de la mujer hasta 1978, salvo destellos como la ley de educación de 1970, fue prácticamente inexistente en España.

La obligación de los poderes públicos a promover una igualdad efectiva y real (artículo 9 de la Constitución) nos permitió echar a andar. En los años siguientes, se despenalizaron el adulterio y los anticonceptivos, se aprobaron la Ley del divorcio de 1981 y la primera Ley del aborto de 1985. Se iban conquistando espacios, primero en el plano teórico-legal. Después, poco a poco, en el espacio público y en el privado.

Pero fueron necesarios 20 años más para conseguir otros hitos importantes en el plano de igualdad de género, como la primera ley estatal contra la violencia de género, en 2003, y la ley de 2007 para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres, en la cual se establece, entre otras cuestiones, la transversalidad del principio de igualdad. La ley de derechos de las personas con discapacidad y su inclusión social es otra medida básica que pretende, entre otras cosas, desvincular a la mujer del papel de cuidadora por el simple hecho de su género.

En cuanto al ámbito del Sector Público, avanzadilla tan a menudo de la sociedad, la ley de igualdad pone especial énfasis en el principio de composición equilibrada en los órganos directivos y en la composición de los  órganos colegiados. A ello se suma la obligatoriedad de realizar en todas las convocatorias de pruebas selectivas un informe de impacto de género e incluir un tema de igualdad en todos los programas de estudio de las convocatorias. En la Administración del Estado, el Plan Concilia de 2005 o los Planes de Igualdad de género son ejemplos de los avances.

Hasta aquí, la ley

Sin menospreciar los grandes avances en los derechos de las mujeres, la realidad nos ofrece datos menos halagüeños. 40 años de democracia después, el salario medio bruto de los hombres ascendió el pasado año a los 2.090,6 euros y el de las mujeres alcanzó los 1.668,7 euros, según datos del INE a partir de los resultados de la Encuesta de Población Activa. En la última década, la diferencia supera el 20%.

Las pensiones reflejan esa brecha salarial y las diferencias entre la trayectoria profesional de los hombres y las vidas laborales discontinuas de la mayoría de las mujeres: el resultado es que la pensión media de un hombre es de 1.177,18 euros al mes mientras la de una mujer es de 756,39 euros. Según el Instituto Nacional de Estadística, las mujeres dedican 26,5 horas a la semana frente 14 horas de los hombres en trabajos sin remuneración: cuidar a hijos o familiares, tareas domésticas, cursos de formación.

Los datos reflejan la realidad cotidiana. ¿Quién cuida de ascendientes y otros familiares dependientes? Hasta septiembre de 2018, la Seguridad Social gestionó 45.952 excedencias para atender al cuidado de padres, madres y cuidado de otros familiares. De ellas, 41.211 eran solicitudes presentadas por mujeres y tan solo 4.741 por hombres.

Ninguna empresa del Ibex 35 tiene más de 5 consejeras en su consejo de administración. Y eso que los porcentajes han mejorado mucho en los últimos años: Endesa ha pasado de no tener ninguna mujer en 2012 a tener dos. Telefónica ha pasado del 5,6% al 17,7%. El único Consejo paritario es el de Cellnex, pero hay muchas compañías con presencia femenina de entre el 20% y el 40%: Red eléctrica, Iberdrola, Siemens, Santander, IAG… (datos de la asociación WomenCEO).

Y el dato más terrible: desde que comenzaron a contabilizarse los asesinatos por violencia machista, en enero de 2003, han muerto 974 mujeres a día de hoy. Y la cifra sigue creciendo. ETA asesinó a 955 personas en sus 52 años de historia (1959 a 2011).

Queda mucho por recorrer. Y, en ese camino a la igualdad real, al hombre le toca empujar mucho más que hasta ahora.

Rebeca Díaz. Javier Martín