209 años al servicio de la Seguridad Social

David Cebrián

Hemos reunido a la historia viva de la Seguridad Social. Cinco funcionarios que han experimentado la transformación del INP y del mutualismo laboral en la actual Seguridad Social. Cinco personas que han vivido la transición democrática y el gran cambio que ha experimentado el país.

Son Jesús García, Mercedes Madero, Luciano Galindo, Alicia Álvarez y Manuel Cáceres. Entre todos suman 209 años trabajando en las entidades de protección social. Casi 42 años de servicio de media entre los cinco. Sólo una de ellas está jubilada.

Su relato coincide en muchas cosas, una de ellas es que la Seguridad Social imprime carácter. Lo dice Jesús García citando a su padre, también funcionario del mutualismo laboral. Alicia Álvarez, actual jefa de Gabinete en la Dirección General del INSS añade: “yo llevo el logotipo dentro”.

Nos cuentan cómo ha cambiado España, la Seguridad Social y ellos mismos. Funcionarios que se presentaron a oposiciones en las que ni siquiera había modelo oficial: Se rellenaba un documento con datos personales, se asumía el compromiso a los principios del movimiento nacional y se abonaban hasta 500 pesetas –“todo un capital para la época”– por derechos de examen, recuerda Luciano Galindo, director provincial de INSS y TGSS en Burgos.

Una España en la que mujeres como Alicia tuvieron problemas en el acceso a la función pública por las dificultades para demostrar que habían realizado el servicio social, equivalente femenino al servicio militar. El origen del problema era que este servicio lo realizó dando clases a personas en riesgo de exclusión, en lugar de presentar las habituales tareas de bordado.

Comienzos y evolución de la gestión

Recuerdan los comienzos de la nueva Seguridad Social, la integración del INP y el mutualismo laboral en las nuevas entidades gestoras, como un momento duro y costoso. La estructura piramidal del INP, con una amplia base pero sin puestos intermedios, era difícil de encajar con la heredada del mutualismo laboral.

Pero había otros problemas. Expedientes con transcripciones fonéticas, incompletos, mutualidades que operaban de forma completamente diferente, nula cultura de organización, diferencias en los instrumentos contables, documentación difícil de interpretar y unas nuevas entidades que había que empezar a construir.

Dificultades que perduran casi hasta el año 83 cuando esta unión comienza a ser más efectiva y las nuevas entidades comienzan a funcionar de manera más autónoma y asentada. Poco tiempo para la dificultad de la tarea y que achacan a la implicación de los funcionarios, de los trabajadores. “Sentíamos los problemas de los ciudadanos como propios”, explica Mercedes Madero, ex funcionaria de la TGSS a la que llegó desde la Mutualidad Nacional de Previsión de la Administración Local (MUNPAL).

Unos inicios en los que el periódico local era fuente administrativa: Si un autónomo ofrecía sus servicios en un anuncio, se usaba para comprobar si estaba afiliado a la mutualidad correspondiente. Si se publicaba una esquela, se actualizaban los beneficiaros de pensiones.

Recuerdan también que en estos 40 años los cambios han sido muchos: la incorporación de la informática, la digitalización, avances en la gestión que han permitido que se pueda reconocer una prestación en apenas tres días. En los comienzos, el tiempo para reconocer alguna prestación en determinadas mutualidades superaba el año.

Para alguno de ellos la gran diferencia es la información y la cercanía. De los largos mostradores y los edificios fríos en los que los ciudadanos se encontraban intimidados a los puestos actuales. Además, añaden, los funcionarios tienen ahora todo el apoyo informático para ofrecer una información más fiable y precisa, pero también el ciudadano está más informado. Todo redunda en una mejor atención como prueban las encuestas de calidad.

Grandes cambios

Con ellos, ha cambiado también la sociedad española dentro y fuera de sus puestos de trabajo. Alicia recuerda el recelo con el que la recibieron en sus primeros destinos. Sus primeras tareas, ordenar fichas alfabéticamente. Una de las primeras órdenes recibidas, echarse la siesta mientras los hombres de su promoción accedían a los expedientes. “El problema no era ser mujer, era ser técnico y mujer. En la cúpula no había ninguna mujer”, añade. Hoy ella es directora de Gabinete de la directora general del INSS y hay una mujer al frente del Ministerio.

Manuel Cáceres, de la TGSS, recuerda también cómo las mujeres perdían la condición de funcionarias al casarse. Nos acordamos de Mari, que vio interrumpida su carrera entre 1957 y 1973 por este motivo.

Todo eso ha cambiado. Muchas de esas situaciones son cosas del pasado lejano. Como la lentitud en la promoción. Ahora los nuevos técnicos entran en la Administración siendo incluso recibidos por el secretario de Estado o la propia ministra, y las promociones profesionales son rápidas.

Las anécdotas a veces provenían un pie de foto erróneo como el que protagoniza aquí Luciano Galindo (tercero por la derecha)

Aunque aseguran que no todo es bueno. La alta movilidad del personal redunda, a su juicio, en una menor implicación del personal con la Administración. Además, consideran que la Seguridad Social tiene un personal escaso y envejecido. Por ello miran al futuro con un anhelo: la creación de la Agencia única. Consideran que redundaría en una administración de los recursos más eficiente y una mejor atención al ciudadano.

Anécdotas 

Pero si 209 años dan para algo es para coleccionar anécdotas. La mayoría tiene que ver con la atención al público como la que protagonizó una mujer que solicitaba una prestación con la fotografía del pasaporte cambiada. No era un problema de suplantación de identidad, sólo pretendía salir más favorecida en la foto. Por suerte llevaba la original con el sello parcial en el bolso y se pudo tramitar.

También hay hueco para los famosos: un actor conocido en la época acudía a la oficina correspondiente fingiendo lesiones por un antiguo accidente para obtener la incapacidad permanente absoluta. Además, en Segovia todavía recuerdan las visitas del ex alcalde de Marbella, Jesús Gil, con sus guardaespaldas repartiendo pines y llaveros del Atlético de Madrid.

Capítulo aparte merecen los regalos. Desde los más habituales: cajas de bombones, flores, etc. pasando por productos de la tierra y la temporada: cestas de setas, frutas y verduras… hasta algo menos habitual,  como llenar de corderos un CAISS por obra y gracia de un pastor agradecido o recibir la donación de dos nichos en un cementerio de Madrid.

Pero los regalos no son sólo en especie. Las donaciones económicas han protagonizado algún capítulo curioso como las que efectuó el canónigo de la Catedral de Burgos dos años consecutivos. Se trataba de dos cheques de 2 y 3 millones de pesetas, respectivamente, entregados bajo de secreto de confesión y con destino a la TGSS.

Todos estos regalos tienen un denominador común, agradecer la atención recibida. En muchas ocasiones era el paso siguiente a formular el habitual: “¿qué le debo?”.

La respuesta de los trabajadores de la Seguridad Social siempre ha sido nada. Aunque la realidad es que les debemos mucho.